SIPCA
Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés
Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
A partir del 14 de octubre iniciamos la que va a ser nada menos que nuestra décima temporada de colaboración en el espacio cultural "La torre de Babel" de Aragón Radio, dirigido y presentado por Ana Segura. Como en años anteriores, la colaboración de...
Es un conjunto de 350 m2 de superficie, de planta prácticamente cuadrada, si bien en dos de sus esquinas la edificación se abre en abanico para conformar dos torres de planta semicircular. La construcción del edificio primitivo se ejecutó con materiales de la zona, utilizando sobre todo sillares de arenisca y sillarejos de piedra caliza-margosa trabados con mortero de yeso.
En conjunto el fuerte se estructuraba en diversas dependencias o barracones dispuestos alrededor del patio de armas central. El acceso original se encontraba en la fachada suroeste (la más alejada del río). A lo largo de todo el perímetro del edificio se abrieron aspilleras de carácter defensivo.
Entre las diversas modificaciones inmediatas al cese de su uso militar pueden destacarse el recrecimiento de los muros exteriores mediante adobes.
Las principales modificaciones son, sin embargo, fruto de la reforma de 1934, que atañen tanto al exterior del edificio como a su estructura interior: por un lado, se derriban parcialmente las torres hasta la altura de los tejados, ejecutando una nueva cubierta, y también se reparan los muros exteriores; en cuanto a las obras del interior, consistieron sobre todo en la compartimentación del interior mediante paredes de ladrillo para la conversión del conjunto en varias viviendas.
El posterior uso del fuerte como escuela aún conllevó otras modificaciones menores a lo largo del siglo XX, especialmente, la apertura de nuevas ventanas.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002